Ocho Ojos
Jenny estaba caminando a casa cuando de repente algo la tomó por detrás y le tapó la boca, su corazón se detuvo por un segundo, antes de escuchar la voz de su novio Tim.
-Tim, sabes que no me gusta que hagas eso, me asusta mucho- Dijo con mucha timidez.
-Lo siento preciosa, a veces lo olvido- Luego le sonrió- ¿Vendrás conmigo a la fiesta de Susan?
-Lo siento querido, pero debo ir a la iglesia con mamá, quizás deberías venir también.
-Ya sabes lo que opino de ir a la iglesia…
Jenny lo observó incrédula por unos segundos y luego sonrió dulcemente a su novio, a diferente de su madre, ella respetaba las creencias y gustos de los demás, además de que amaba demasiado a Tim.
Aunque a veces deseaba con toda su alma que Tim buscase de Dios,tan solo para que sus padres aprobaran la relación. Hacía dos años que la dulce Jennifer salía con Tim, Tim Mcshane, como el nombre de una de las empresas más ricas del pueblo, aunque él no tuviera un centavo.
Es obvio que a Jenny esto no le importaba en lo más mínimo pero no a sus padres, ellos querían que estuviera comprometida con un hombre rico y devoto de Dios, aunque si era devoto les bastaba pero Tim no era una cosa ni la otra.
Sin ningún aviso se escuchó un fuerte estruendo en un callejón cercano a los jóvenes, el sonido fue aterrador pensó Jenny luego de persignarse y decir "Santo Dios", en cambio Tim decide ir a investigar pero antes de que pueda entrar Jenny lo detiene.
-Deberíamos irnos ya, voy a llegar tarde a la iglesia.
-Está bien, lo que mi chica pida.
La dulce pareja abandona caminando el lugar con Tim mirando hacia atrás y por unos segundos cree ver mucho ojos en tonalidades blancas y grises, un temor extraño lo obligó a seguir caminando hacia adelante, más tarde ya ni siquiera recordaba aquella visión de pesadilla pero aún cuando se habían alejado demasiado, los siguió viendo desde la oscuridad.
-¡Jennifer ¿dónde estabas?! Vamos a llegar tarde a la iglesia.
-Lo siento mamá, hoy salí un poco más tarde del trabajo- Apenas pronuncia la jovencita, casi no se la escucha hablar.
-No importa, ve a cambiarte y apresúrate, ¿no viste al chico Mcshane?
-oh, Tim... sí, me acompañó a casa pero no puede acompañarnos, ya tenía un compromiso familiar.
-Ese chico va a llevarte a la desgracia te lo aseguro- En la voz de la mujer se oye preocupación pero también algo de malicia.
Jenny solo avanzó a su habitación para cambiarse y poder ir a la iglesia, las palabras de su madre ya no le preocupaban tanto, a veces deseaba que desapareciera para no tener que volver a escuchar sus constantes reproches.
Cuando llegaron a la antigua iglesia, que apenas mantenía algo de su estilo original, sintió que había algo extraño en el aire, una fuerte energía proveniente de algún lugar de "la iglesia del Señor verdadero", así se llamaba su congregación.
Aquel edificio era muy antiguo, incluso anterior a la fundación del pueblo, que llevaba ahí oficialmente desde 1687, pero mucho antes había sido el templo de una tribu de mujeres brujas o eso decían los colonos.
Nadie sabe el origen de aquel edificio pero decidieron volverlo una iglesia y lo remodelaron para se que parezca más a una pintoresca catedral digna de su dios que a un sucio templo profano, lo primero que borraron fueron aquellos relieves de arañas, tentáculos y colmillos que abundaban por todos lados, ya nadie recuerdo con exactitud cómo eran pero los vecinos siempre tienen una versión más espeluznante que la anterior, tan solo algunos perdidos libros de historia local conservan fotos del exterior del edificio original.
Jenny pensó que quizás debió haber ido a la fiesta de Susan, y quizás perder la virginidad, pensar esto la hizo sentir realmente sucia, estaba pecando ante los ojos de Dios en su templo aunque hacía bastante tiempo que no sentía nada por su dios aunque se esforzara. Luego miró a su madre que la notó extraña pero nadie, ni siquiera ella, pudo apartar la mirada de aquella mujer que acaba de entrar a la iglesia pasando delante de todos.
-Parece una meretriz, ¿Nadie le dijo que esa ropa no es lugar para una iglesia?- Comentó su madre a otra mujer que estaba presente.
-Es nueva aquí, viene de Nueva York, no debe conocer nuestras costumbres pero al menos busca de dios- luego agregó- Me dijeron que es profesora de lengua.
-Deberíamos entrar mamá, va a comenzar el sermón- La voz de Jenny está vez sonó muy sagura, lo suficiente para asombrar a su madre, no sonaba como la tímida hija que ella conocía.
-¿Estás bien Jenny?
-Sí mamá, entremos por favor- La madre de Jenny no salía de su asombro.
Cuando entraron todos los asientos de adelante estaban ocupados y no querían estar atrás, sólo quedaban asientos al lado de la mujer que antes habían llamado meretriz, cómo su madre, todos la habían juzgado como si fuese la peor zorra de la región, lo que puede hacer una falda corta.
Cuando se sentaron la madre de Jenny dejó que su hija se siente al lado de aquella misteriosa mujer, está de más decir que ni siquiera le dirigió la mirada cuando pasó por delante de ella.
En cambio Jenny si le sonrió y su sonrisa fue devuelta, la mujer no solo llevaba una falda corta, su escote era realmente provocador y su cuerpo no era el de una modelo pero sin dudas era una mujer hermosa y muy ardiente.
Estaba vestida totalmente de blanco como su cabello, todo el pelo de su cuerpo era totalmente blanco, sintió mucha curiosidad por preguntarle pero sabía que si lo hacía su madre estaría ahí para detenerla aunque si lo pensaba mejor, este o su madre, hubiese sido sumamente descortés hacerle una pregunta así a una desconocida.
-Es blanco desde que nací y siempre me gustó llevarlo así- Le dirigió la vista y sonrió alegremente, era encantadora- Además me hace más llamativa.
-Oh...yo, disculpe, debí hablar en voz alta- Jenny no entendía cómo la había escuchado si no hablo, pero a veces sin saberlo hablaba, aunque estaba segura que está vez no.
-No te disculpes, todos siempre se preguntan si es natural o no, y te vi muy curiosa- Su voz parecía angelical, atractiva y suave- Esta noche seremos testigos de algo hermoso.
Jenny pensó que la mujer era una devota del señor, aunque en algo estaba segura, era devota y de aquellas fervientes pero no del dios que ella esperaba.
La mujer en cuestión estuvo sentada muy alegremente casi risueña durante gran parte del sermón del pastor Sherman, pero este fue interrumpido casi a la mitad por una familia que llegó tarde, Los Briand, al ver a Camille Briand entrar su rostro se tornó siniestro, Jenny se sintió excitada y algo asustada por su expresión.
-Es hora, ya llegó la hora- Su voz ahora sonaba chillona y estridente.
-¿De qué habla?¿esta bien?- La madre de Jenny estaba completamente asustada.
-¡Sí señora!¡La meretriz está perfecta!- Toda la iglesia pudo escuchar su voz llena de una ira y locura incontenibles.
Esto estremeció a toda la congregación y a la propia Jenny pero también se sentía feliz de que alguien maltratase a su madre, era imposible que las hubiese escuchado, pero no importaba ya, de pronto las luces comenzaron a fallar, parpadeaban muy rápido, en cada corte la extraña mujer se acercaba más y más al escenario, todos observaban con horror cómo comenzaron a salirle extremidades del cuerpo, parecía que se le quebraban con cada movimiento, cuando llega al escenario, toma al pastor que entre gritos clamaba a Dios y la maldecía, pero ya era tarde, en tan solo segundo de su garganta brotan chorros de sangre producto de la herida hecha con esas largas uñas que son tan duras y filosas cómo el acero.
Cuando las luces vuelven a la normalidad, ella estaba ahí con una sonrisa grotesca y enorme en su cara, su piel estaba totalmente rasgada y dejaba salir una sustancia rojiza, ya no tiene dos ojos, sino seis en su rostro y otros dos que se ven detrás de su cabeza cuando gira en círculos; la sangre que aún brotaba del pastor la tiñe rápidamente hasta que su ropa y cabellos se ven completamente rojos.
Cuando los aterrados feligreses quisieron escapar del templo las puertas estaban cerradas por extraños tentáculos de piedra que se movían como si fuesen un pulpo de barro, pero lo peor aún no llegaba, y mientras todos contemplaban aterrados a aquella criatura oscura el templo comenzaba a mutar, las luces se prendían fuego, las paredes volvían a sus formas de antaño gobernadas por imágenes de criaturas similares a arañas, con colmillos y horribles tentáculos que salían de su caparazón.
-Oh madre, mira lo que le han hecho a tu casa- Su chillona voz parecía sufrir el dolor de un hijo contempla cómo destruyeron lo que su padre hizo- Ja, ja, ja, ja, ja, ja, pero no te preocupes, pronto volverá a ser como antes, pronto volverás madre.
-¡Por favor déjanos ir!- suplicó una mujer mientras abrazaba a sus hijos.
-¿Por qué deberían irse?, si ustedes son los invitados principales- Los miró y agregó con una gran sonrisa que dejaba ver sus dientes podridos y puntiagudos- pronto necesitaremos unos deliciosos bocadillos rellenos de miedo.
-¿De qué hablas monstruo? Esta es la casa de Dios, nuestro señor, blasfema.
-Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja- Su risa era frenética y espantosa, con cada carcajada todos se asustaban aún más- este lugar es y ha sido siempre la casa de Yhvetlar, la gran matriarca de los Ct'zlevhvtas, los dioses antiguos, antes de que su dios y muchos otros existieran , ella reinó sobre nosotras, su hijas y sobre todos.
- Y ahora debe volver gran matriarca, sacerdotisa Naxa- dijo la señora Briand, Mónica.
-Su sacrificio será recompensado- Miró a Camille- Es perfecta, ¡perfecta!
-Estoy agradecida de ser lo que esperan, mi sangre será el sustento de la diosa.
-Sustento no, serás su cuerpo y tu alma, su alma- Esta vez su voz sonó como antes de la transformación- Jenny únete a nosotros, ¿quieres? Sé que lo quieres tesoro.
Jenny observó a su madre y las personas que tenía a la vista cómo todos estuvieran muy lejos de ella, se sentía fuera de su cuerpo casi a punto de desfallecer, tenía el cuerpo helado y pequeñas gotas de sudor le recorrían la frente, no entendía porque de repente llegó a ese estado, no podía ser que aquella sola mención de su nombre le causara tanto pavor.
-Ven, toma mi sangre- Ya no era una invitación, era un orden- Se parte de nosotras, todos esos miedos se habrán ido, ya no existirá el tiempo para nosotras.
-Jenny...no- Apenas la voz de su madre se escuchó.
Jenny comenzó a avanzar hacia aquella criatura antes mujer con miedo pero con mucho más deseo, en el fondo sabía que ya no quería ser aquella chica, quería ser más, quería no tener miedo siempre, ni morir, ya no tendría que ver a su madre ni saber que Tim la engañaba con esa zorra de Linsey, le dolió demasiado ver cómo la besaba.
Casi cómo si fuera un animal comenzó a beber del brazo de Naxa, pasaron apenas unos segundos antes de que Jenny callera al suelo y comenzara a retorcerse y vomitar una sustancia oscura, su piel comenzó a rajarse mientras de su boca asomaban cientos de dientes puntiagudos, colmillos, en su rostro aparecieron otros par de ojos y de su espalda salieron tentáculos, con muchos más ojos, la escena era grotesca. Su madre horrorizada contempló la transformación de su hija que cada vez más parecía un monstruo y menos su pequeña niña.
Cuando terminó, abrió sus ojos y pudo ver todo más claro, veía la maldad en los corazones de todos los presentes, salvo por los niños todos los demás eran realmente oscuros, variaba pero ninguno era realmente lo que se llama bueno.
-¿Ahora lo ves querida?- le susurró Naxa, muy cerca de su cabeza- Es hora de que te alimentes, tomamos a todos pequeña Vitoul.
Jenny ahora con un nuevo nombre, Vitoul, se incorporó y observó a todos y el desprecio que sentían por ellas luego miró a su madre y pudo ver la desaprobación y el miedo en su cara, no dudo ni siquiera unos segundo en devorarla primero, deseaba con todas sus fuerzas que su madre muriera y fue ella quien la matara. Le arrancó el estómago con sus afilados dientes de un solo mordisco, luego terminó con su vida destrozándole el rostro, los demás, unos veinte que habían aquella noche miraban con horror aquel acto sanguinario y terrible, luego uno a uno los fue devorando, arrancandoles partes de sus cuerpos mientras esos gritaban y lloraban, algunos incluso se hacían encima. Ni siquiera perdonó a los pequeños niños, tan solo dejó con vida a un bebé muy pequeño.
La familia de Camille observaba altiva cómo aquellos que habían sido sus amigos eran masacrados, en su mirada había malicia y rencor, odio acumulado durante años y años, pero ahora están muy cerca de hacerlos pagar a todos, incluso a aquellos que no son humanos, cuando la gran matriarca de los antiguos volviera, su diosa, serían invencibles.
Vitoul realmente había hecho un desastre, todo el salón estaba lleno de sangre y mierda, Naxa y ella estaban bañadas en sangre humana listas para comenzar con el ritual, la forma en la que se miraban era como estuvieran unidas por telepatía, no hizo falta decir nada para saber que había hecho un excelente trabajo, no quedaba nadie que las pudiera reconocer.
-El padre y la madre deben ponerse alrededor del recipiente de la diosa- Dijo Naxa- nosotras detrás de ellos para darles poder- Dijo mientras le hizo una mueca a Vitoul.
Una vez que trazaron el círculo y todo estuvo preparado solo faltaba una cosa y estos eran los sacrificios para dar inicio al ritual, esta fue la parte más esperada por la sacerdotisa durante toda la noche, incluso más que el regreso de su adorada madre de aquella prisión.
-Ya está todo, que emoción- Grito Naxa con su voz chillona- Solo nos queda entregar los sacrificios pequeña, hagámoslo.
- sacrif…- Mónica no pudo terminar la frase, porque su garganta fue cortada por las afiladas uñas de Vitoul.
Mientras tanto Naxa había hecho lo mismo con su esposo. Su sorpresa fue realmente enorme al sentir como su vida se les escurría pero aún se sentían peor porque habían sido engañados con vanas promesas y ahora nunca podrían vengarse, con su último aliento de vida Mónica miró a su hija y dejó caer unas lágrimas.
Camille quiso salirse pero ya no podía, una fuerza la ataba a el círculo mágico que brillaba intermitente, mientras la sangre se escurría sobre las letras y símbolos, se llenaban de su poder mientras Naxa se regodeaba en su locura y ambición, al fin su amada madre estaría nuevamente en la tierra lista para gobernarlos. Detrás de ellas los cadáveres comenzaban a levantarse con su piel oscurecida, con ojos completamente rojos que brillaban y corrompidos por el poder que emanaba de aquel lugar. Afuera parecía que nada ocurría dentro de la iglesia más que un simple sermón. Dentro una sucursal del infierno estaba siendo inaugurada.
-Nix antul vetalvé oxio Nantura, regresa con nostras Gran Matriarca, llénanos de tu poder- Al pronunciar estas palabras fue como si todo se suspendiera.
El tiempo parecía no pasar, incluso el cabello rubio de Camille parecía inmóvil, en una fracción de segundos la chica logró moverse y todo el plan comenzó a desmoronarse, cuando la chica abrió los ojos, ya no eran sus ojos azules, eran unos ojos rojizos brillantes, que las observaba complacida, llena de poder pero algo estaba mal, seguía siendo Camille y no la diosa.
El círculo se cerró y los cuerpos volvieron a caer al suelo, muertos e inertes, ya no había letras ni sangre sobre ellas, no quedaba sangre en ningún lado, solo aquel bebé y las tres mujeres.
-Hay que fingir para que no hagan preguntas-
-Sí madre, así haremos.
-No soy tu madre Naxa, ni Camille, soy las dos sin ser ninguna, pero llamame Camille, es un bello nombre y no me provoques, aun sigo siendo igual de poderosa que tu retorcida madre.
-¿Qué?¡¿qué fue lo que pasó?!- La voz de Naxa por primera vez sonaba temerosa.
-Nos fusionamos, pero esa débil niña humana fue lo suficientemente fuerte como para no dejar que tu madre asuma el control y así nací yo, ¿Quién es ella?
-Se llama Jenny, Jenny Drexler- Naxa comprendió lo que había sucedido y sabía que nada podría hacer ya por su madre, la fusión era irreversible, con mucha tristeza agregó- Vitoul es su nuevo nombre...
-Muy bien Samantha, muy bien- la adolescente sonrió y luego preguntó con sarcasmo- ¿qué es lo que pasó aquí?
Pasaron tres años desde aquella noche en la que una tragedia golpeó la ciudad de Raven crown, donde solo sobrevivió un adolescente, el joven Ray, que fue internado en un hospital psiquiátrico y tres mujeres junto a un bebé, que tuvo que ser enviado a un orfanato. De las dos adolescentes y la profesora solo se sabe que se mudaron de ciudad. Se cree que esos asesinatos fueron causados por una secta o un grupo terrorista aunque no encontraron pruebas de ello ni de cómo lograron modificar la iglesia, sea cómo sea desde aquella noche de 1974 nada volvió a ser igual en la ciudad, ni siquiera en el presente donde a veces cerca de la vieja y abandonada iglesia se puede ver a una mujer que llama sollozando a su hija para luego desaparecer.
-¿Camille Yvelar?
-Sí soy yo, ¿tú eres Luke?
-Sí, ,me da gusto que seas la de la foto, te ves realmente guapa.
-Gracias, ¿no te molesta que vengan Jenny y Sam? son unas amigas- Luego le guiñó un ojo.
-No hay problema, solo pensé que sería una cita, ya sabes, solo nosotros y algo de diversión…
-No te preocupes, está noche vamos a tener mucha diversión…- Luego miro a las sexis mujeres que se acercaban y les hizo una seña indicando su cena.
Fin.
-Iván Lara.
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